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Cuenca ha presentado su candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016, junto con otras ciudades españolas como son Burgos, Cáceres, Córdoba, Málaga, Segovia, Tarragona y Valencia. La resolución no se conocerá hasta el año 2012, pero algunas de las ciudades ya están trabajando para promocionar sus candidaturas, principalmente a través de páginas web oficiales de sus ayuntamientos (como es el caso de Tarragona, Málaga, Burgos o Córdoba) Mientras que Cuenca se está quedando atrás en esta carrera y desde aquí queremos instar al Ayuntamiento para que ponga en marcha una web oficial y se encargue de promocionar a bombo y platillo nuestra candidatura. Hasta el momento sólo existe una web no oficial de la candidatura de Cuenca: http://www.cuenca-2016.com/
El logotipo con el que Cuenca promocionará su candidatura, diseñado por el artista conquense Gustavo Torner, se compone de un libro abierto, con las páginas en blanco, impreso sobre la copa de un árbol. Con esta imagen el artista ha querido reflejar la comunión entre “naturaleza y cultura” que también es el lema turístico de la ciudad.

La capitalidad europea de la cultura está patrocinada por la Comisión Europea y financiada por el programa Cultura 2000. Cada año, ciudades de distintos países son seleccionadas por turno. Así, 2007 es el año de la localidad rumana de Sibiu y de Luxemburgo, en 2008 serán Liverpool y la noruega Stavanger, o en 2009 la austriaca Linz y la lituana Vilna.

El arquitecto Rafael Moneo ha diseñado el nuevo recinto ferial que está construyendo en la capital conquense la empresa Acciona. El proyecto consiste en reordenar 180.000 metros cuadrados de la ciudad.
En una primera fase se construirá un pabellón de acero y cristal de 1.600 metros cuadrados, mientras que la segunda fase se centrará en dotar a la zona de amplias zonas verdes, un lago, un auditorio al aire libre para 9.500 personas, un teatro para 1.000 espectadores, además de locales comerciales, bares, pasarelas sobre el río Júcar y plazas de aparcamiento.
La Comunicación ha pasado a convertirse en un elemento fundamental en las organizaciones, tanto para su funcionamiento operativo como para construir su identidad y cultura. Una marca, una empresa o un servicio, ya no son meros agentes económicos, sino que han pasado a convertirse en objetos sociales. Por tanto, la marca como ente social debe comunicarse. En consecuencia, la comunicación en las organizaciones debe considerarse como una herramienta estratégica, como un elemento más del buen gobierno corporativo. Así es en las grandes empresas españolas que operan a nivel nacional e internacional, pero así debe ser también en las pymes, especialmente aquellas que puedan verse afectadas directamente por sus públicos, debido a que operan en mercados muy locales.
Entiendo la Comunicación desde un concepto amplio, muy bien definido en países avanzados en su estudio, como Estados Unidos, por Public Relations, termino que en España ha degradado su definición, pero que realmente es el que mejor define las relaciones de una organización con sus diferentes públicos. En el marco del Foro de Vic, constituido en junio de 2003 por profesores de RRPP de diferentes Universidades españolas, se definió el término como “una disciplina científica que estudia la gestión del sistema de comunicación a través del cual se establecen y mantienen relaciones de adaptación e integración mutua entre una organización o persona y sus públicos”.
Por ello, las organizaciones que operan en mercados locales deben considerar las relaciones públicas como un arma estratégica por el impacto directo que pueden tener las acciones elegidas en sus públicos.
Las pequeñas empresas consideran que esta es una labor reservada únicamente para las grandes. Para ellas lo más importante es producir y vender, y el coste de acciones de comunicación y relaciones públicas es considerado como un gasto y no como una inversión. La organización que utiliza la comunicación como herramienta estratégica consigue transmitir confianza y generar un compromiso con sus públicos. Es más, a largo plazo es más barato invertir en comunicación que gestionar las consecuencias de una mala o nula comunicación.
